África blanca

Albinismo en la infancia

Tanzania es un país de paradojas. Allí conviven grupos étnicos con diferencias abismales de lengua, cultura, apariencia y credo. La simbiosis racial va desde tribus bantú o masai, comunidades del sudeste asiático, asentamientos arabizados y descendientes de persas.


La multiculturalidad nunca ha sido un problema y hasta su idioma oficial, el suahili, representa la mezcla de sus pobladores. Debido a la práctica de cultos animistas y a una profunda cultura de la superstición, algunos locales asumen que los albinos no mueren, sino que desaparecen como fantasmas, hecho que les otorga a los mismos cierto halo macabro y los despoja de su humanidad.


Estudios recientes destacan que la ausencia de pigmentación en la piel, pelo y ojos, conocida como albinismo, puede tener su origen en una mutación genética acontecida en poblaciones de África Oriental. Nacer con ese síndrome en algunos países del Gran Continente representa una condena de por vida. Cientos de personas son asesinadas o mutiladas anualmente a causa de absurdas supersticiones.


La Asociación de Albinos de Tanzania denunció que su país, seguido por Burundi, es el más afectado por el recrudecimiento de los crímenes contra estas personas, sobre todo hacia mujeres y niños. Son cazados para obtener sus articulaciones y órganos. Los hechiceros fabrican amuletos para los buscadores de oro y diamantes, o para, supuestamente, tratar enfermedades.


El contrabando de órganos de personas albinas es alimentado por ancestrales supersticiones, que tienen su base en el fetichismo de algunos cultos primitivos animistas. Para gente que vive con menos de un dólar al día, una pieza humana puede reportarles hasta cuatrocientos dólares. De un cuerpo completo, los mercenarios podrían obtener cerca de ocho mil dólares.


A veces en África, ser blanco es un estigma. En Tanzania existe una población de albinos 15 veces mayor al promedio mundial. A causa de esa condición genética, muchas personas son acusadas de hechicería y repudiadas por sus comunidades. Debido a la exclusión, tienden a casarse entre sí, lo que aumenta la probabilidad del albinismo como herencia.


El gobierno ha abierto escuelas exclusivas para albinos, a causa de su condición de paria, en primera instancia para evitar secuestros o violencia, pero también para evitarles burlas de otros niños. Ellos deben usar mangas largas, sombreros y lentes oscuros para prevenir el cáncer de piel, que mata a la mayoría de los albinos en Tanzania antes de cumplir 40 años. Un gran porcentaje de ellos pierden la visión antes de los 18 años, por ser hipersensibles a la luz ultravioleta.


Se estima que mensualmente diez personas son asesinadas y mutiladas para elaborar pociones mágicas o amuletos con partes de sus cuerpos, como dedos, lengua o pelo. Creen además que beber su sangre favorece la salud. Desde la propagación del SIDA los ataques son más cruentos, pues los brujos aseguran que la ingesta de sus órganos genitales secos elimina la enfermedad.


Hasta hace algunos años, el asesinato de un albino era poco o nunca castigado en Tanzania y muchos de los desafortunados sólo fueron declarados desaparecidos. La repercusión internacional de esa matanza ha hecho a las autoridades lanzar una campaña para intentar frenarla, pero los crímenes continúan.


En 2009 se efectuó el primer juicio contra los asesinos de un albino. Se trataba de tres hombres que desmembraron a un niño de 14 años en pequeños pedazos para venderlos como medicina. El tribunal condenó a los delincuentes a la horca. Desde entonces, el número de mutilaciones supera a los asesinatos. Por cortar el brazo de un niño o su pierna, un criminal solo enfrenta penas de cinco a ocho años por lesiones corporales graves, según estipula la legislación tanzana.


Yanet Medina

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