El baile de las cañas



Cada año, cientos de niñas y adolescentes de Sudáfrica y Suazilandia celebran un rito tribal para confirmar su virginidad. Unas pocas son elegidas para unirse al harén real. La ceremonia les exige ir descubiertas de la cintura hacia arriba, usar accesorios tradicionales hechos de plumas y cuentas y danzar portando un bastón de caña.


Las jóvenes que participan deben salir de sus aldeas andando hasta el lugar de encuentro, generalmente un descampado de grandes dimensiones. Es imprescindible llevar consigo un certificado de virginidad.


Esa tradición es practicada rigurosamente por las etnias africanas zulú y suazi. En los últimos años se ha valorado la posibilidad de dejar participar a mujeres de otras culturas.


La manera de vestir ha experimentado pequeños cambios en los últimos años. Algunas chicas se avergüenzan de ir a medio vestir y usan camisetas, disimuladas bajo el cúmulo de collares que, junto a la disposición de plumas en la cabeza, deja entrever si están comprometidas o buscando pretendiente.


Para algunos, esa exhibición de virginidad es un signo de orgullo o una mera expresión cultural. Para otros constituye una forma de opresión social, que obliga a la mujer a hacerse valer solo por sus atributos o abstinencia y reproduce el esquema de la fémina vista como mero objeto reproductivo.


Mientras África se degrada cada año a causa del abuso sexual y la propagación del SIDA, las autoridades culturales y tribales afirman que rituales como ese podrían mitigar ambos fenómenos. El objetivo es prevenir a las mujeres de explorar su sexualidad antes del matrimonio.


Pero ¿es realmente la abstinencia lo que puede salvar a las africanas de ser violadas o contagiadas con VIH? El baile de las cañas es la meta de muchas mujeres, pero también el castigo de otras.


Yanet Medina

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