La soledad de John


Estatua emplazada en el conocido Parque Lennon del Vedad, La Habana.

John está harto. Por la mañana llegan las canadienses en esos ridículos carros rosados. Lo abrazan para sacarse fotos y hasta alguna atrevida se sube en sus rodillas. Él tiene que quedarse quieto, convencido, o al menos resignado.


Desde el ángulo donde está sentado solo alcanza a ver en dirección al cerrajero de la calle 8, con su chirrido insoportable todos los días de Dios. Luego el club de taichí del barrio y el graciosito que se burla sobre dónde dejó los espejuelos.


Los flamboyanes tan mal parqueados solo lo ensucian de briznas, pero ninguno le tapa el sol del mediodía.


Por la tarde vienen los niños con sus chillidos, los perros con sus maniobras gay, las gordas con sus carreritas de consuelo y los de la peloticaaaaaaa…


Ya son las 5:00. Anselmo no vendrá. John se cansa de luchar con su mal humor y se lo traga, se lo fuma, flota en él. Después de todo, solo tiene que lidiar con una noche para volver a verlo.


Entre penumbras, un señor muy inquieto acecha a los adolescentes que se manosean en un banco después de tres horas de mal baile en el Submarino Amarillo.


En la esquina de 6, justo detrás de él, siente a alguien vomitando. Dos mujeres atraviesan el parque con un taconeo gastado. El cuidador de la Alianza sale a fumar y escucha Radio Enciclopedia mientras, de a poco, en pequeños arañazos de luz, amanece.


Lo divisa desde que viene por 12 y 17. Trae la bolsa del almuerzo y quizá un periódico bajo el brazo. Cruza la calle con pasos macilentos.

-Bueno´ día mijo. Si tú supiera lo que me pasó ayer…


Y mientras le cuenta le pone sus espejuelos sin cristal y le va frotando las piernas con un pañito para quitarle el polvo. Se sienta a su lado y le cuenta todo:


-John, dicen que van a poner Wifi en tu parque. Ya no voy a estar aquí todo el tiempo para cuidarte… Al menos vas a tener compañía.

Yanet Medina


0 views0 comments