¿Médica o camarera? La encrucijada de Rosalí


Rosalí en su segundo trabajo.

En las mañanas optometrista y en las noches camarera. Rosalí tiene 25 años y un montón de proyectos académicos. Ama su profesión, pero no concibe la idea de volver a vivir solo con el salario de médica.


Se licenció en Optometría y Óptica en 2014. Desde entonces trabaja en el policlínico Modesto Gómez Rubio de San Juan y Martínez, Pinar del Río. Un año después comenzó a hacer turnos de tarde y noche como mesera en una paladar.


Rosalí se debate entre dos roles. En la consulta es la Doctora Mulkay Delgado. Detrás de la barra de Los Pacheco es la waitress.


"De ocho a cinco trabajo en el hospital. Llego a mi casa y me cambio para comenzar en la paladar hasta las 11pm. Entre semana lo hago en días alternos para poder descansar algo. Los sábados y domingos mi turno dura hasta medianoche. Es agotador."


"El salario como camarera triplica al de optometrista, porque el lugar es bastante popular y las propinas son buenas. Ya me acostumbré a tener dinero todos los días. Me costaría renunciar a eso."


¿Y si en algún momento no pudieras manejar ambos trabajos?


“No cambiaría mi profesión por un extra. Yo estoy segura de lo que elegí y eso es lo que me gusta ejercer. Adoro la optometría. Por otra parte, dejar la paladar me vendría muy mal porque me tendría que limitar de muchas cosas.”


“Me he planteado incluso estudiar una segunda carrera. Necesito algo más viable para el futuro. Quizás profesora de Inglés. Probablemente lo haga por curso de encuentros para trabajadores, el llamado CPT.”


¿No podrías estudiar idiomas mientras trabajas?


“Resulta que el módulo de inglés que ofertan en el municipio es de cinco a siete de la tarde y a esa hora yo tengo que trabajar en la paladar, por eso tendría que sacrificar mis sábados e ir hasta la ciudad de Pinar del Río para poder estudiar idioma.”


“No quiero estancarme, pues me parece que conformarse es desperdiciar la juventud, pero las opciones en un pueblo pequeño son limitadas”.


“Hay otro tipo de cursos que me interesan para solidificar mi carrera, como los de Campo Visual, Baja Visión o Lentes de Contacto, pero la mayoría de las veces se los facilitan a los optometristas de la capital provincial y aquí en el municipio no nos enteramos”.


Y mientras Rosalí enumera los lastres en su carrera profesional, entorna los párpados en un gesto de complicidad, sabiéndose comprendida.


¿Qué oficio se te hace más llevadero?


“Ayyy…si te contara…” – inhala hondo comienza a describirme su sempiterno batallar, que retrata la realidad de más de un centro de salud en el país.


“En casi todos los policlínicos de la provincia hay buenas condiciones, pero en el de San Juan y Martínez aun usamos sillas de madera.


“Además, nos las arreglamos con una antigua caja de prueba, que es donde está toda la graduación de cristales que se le ajusta al paciente cuando se le mide la vista. Mientras que en los demás policlínicos de la provincia se usan sillones que ya vienen con los octotipos incorporados.”


“Tampoco tenemos las cartillas lumínicas que tanto facilitan el trabajo, porque solo necesitas cambiar la luz de la fila de letras seleccionada con un control remoto y así dirigir la vista del paciente. La nuestra es un pedazo de cartón.”


“El aire acondicionado hubo que ʹlucharloʹ, porque hasta hace poco no teníamos ni climatización y es algo indispensable.”


Ante tantas frustraciones ¿Qué te ata al policlínico?


“La sensación de ayudar a personas con pérdida de visión, encaminarlas a un tratamiento o al menos infundirles ánimo es muy gratificante. En algunos casos ellos llegan asustados y deprimidos si la enfermedad es grave y cuando veo que logré despertarles una actitud más positiva, eso me arregla el día.”


¿Cómo son las jornadas en Los Pacheco?


“En la paladar hay que trabajar bastante. Todo el tiempo moviéndose de un lugar a otro y sin sentarse. El peso de haber cargado los platos se siente al final del turno y cuando cerramos hay que dejarlo todo limpio. Termino muy cansada.”


“Quizás a veces una cree que no se paga todo lo que se hace, pero en comparación con otros restaurantes y respecto a mi profesión, está bastante bien. Además, si una se esmera las propinas serán buenas.”


“Cuando regreso a mi casa con el salario que gané esa noche, aunque esté agotada, me compensa ver que el resultado de mi trabajo es tangible. Ya me adapté a tener dinero siempre y me cuesta renunciar a las mejorías que he logrado en mi vida.”


“También me reconforta que en la paladar no solo te contratan si eres joven o ágil para atender a varias personas a la vez. Ellos buscan que las muchachas tengan modales y formación académica, pues el cliente lo nota. Por tanto el ambiente de trabajo es muy agradable.”


¿Por cuánto más tiempo te ves en esta encrucijada de dos empleos?


“No lo sé. Ya lo asumo como algo normal y no como una opción. Y no soy la única.”

“Una colega que también se graduó hace poco, me comentó que compró un pomo de pegamento para arreglar zapatos en los ratos libres. Otro compañero ʹboteaʹ el carro de su familia los fines de semana. Conozco a uno que cultiva una vega en el campo. Y una amiga re-venden ropa comprada en otros países.”


“Ya ves…y todos somos optometristas.”

Yanet Medina


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