Mar de estrellas


Bioluminiscencia en la isla de Vaadhoo, Maldivas

En la noche cálida y pegajosa de las Maldivas un mar de estrellas lame la isla de Vaadhoo, donde por siglos, los nativos adoraron y temieron a las luces que venían del fondo del mar.


Un festón añil ribetea la playa y millones de puntos luminosos cosquillean bajo los pies de los turistas que, incrédulos, chapotean sobre las caprichosas constelaciones que forma el fitoplancton acumulado.



Sus aguas tropicales revelan uno de los paisajes más surrealistas conocidos por el hombre, único a lo largo de las mil 200 islas y atolones que conforman ese archipiélago.


Maldivas es el país menos poblado de Asia (unos 394 mil habitantes), posee los atolones más grandes del mundo, la mayor biodiversidad del océano Índico y Marco Polo lo nombró la flor de las Indias. Solo 203 de las islas están habitadas y son los picos de una cadena de montañas sumergidas a más de cinco mil metros de profundidad.


Por su ubicación geográfica en el sudoeste de Sri Lanka y a 450 kilómetros de la India, en pleno océano Índico, se hizo famosa hace más de cuatro mil años entre comerciantes egipcios, chinos y mesopotámicos. Los primeros pobladores asentados ahí permanentemente vinieron quizá del subcontinente indio y se conocen como los Redin, una comunidad de marineros adoradores del sol que aun observa esas creencias.


En el siglo V a.c. arribaron navegantes y guerreros budistas del noreste de la India y de Sri Lanka y por el año 1153 el marroquí Abdul Barakatul Barbari instauró los sultanatos. Pero no es hasta la conquista de portugueses, holandeses y británicos que Vaadhoo, en el atolón Raa, se vuelve famosa por el misterio de sus aguas.


A 180 kilómetros de Malé, la capital de la República, se encuentra la isla, donde durante el día, lo más atractivo son sus playas que adoptan toda la gama de verdes y azules de los corales en el fondo del mar.


En las noches más oscuras y calurosas esas mismas aguas se vuelven una jalea de cuerpos luminosos, pues el plancton que recala en la orilla por la marea, entra en contacto con el oxígeno y produce destellos. Los nativos llaman a la playa de Vaadhoo el mar de estrellas.


Muchas criaturas emiten señales luminosas por motivos defensivos o depredadores y otras brillan debido a reacciones químicas cuando chocan entre sí o simplemente al morir, este fenómeno es llamado bioluminiscencia. Una proteína que se encuentra en esos microorganismos, la luciferina, se activa al contacto con el oxígeno y genera una reacción química lumínica.


El cine incluyó ese fenómeno en muchas de sus producciones, pero no filmando en escenarios reales, es por ello que en una de las escenas de la cinta La vida de Pi, la balsa flota sobre un océano de criaturas translúcidas.


La bioluminiscencia es el motivo de fama de sitios como Laguna Grande y Bahía Mosquito, en Puerto Rico, Manialtepec en México, Bahía Toyama en Japón, la Laguna Encantada de Colombia o la isla Koh Rong en Cambodia. Aun así, cuentan los inmersionistas que Vaadhoo es uno de los lugares más mágicos del planeta y una sesión de buceo nocturno revela un entorno sobrenatural.


El equipo de buzos apaga sus linternas y agita las aguas con brazos y piernas. Entonces, los organismos, perturbados por el movimiento y exacerbados por temperaturas de más de 25 grados, revelan su luz, formando un mar de estrellas.


Yanet Medina

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